| |
Primero respire profundamente: Consejos
para encontrar un tratamiento que ayude a su
hijo o a su hija con la adicción
|
| |
Por Richard Scheinin
Public Access Journalism
|
Si usted es padre de familia de un
adolescente, buscando un programa con tratamiento de abuso
de sustancias, con toda seguridad se encuentra en estado de
crisis sin mucho dónde escoger.
Según un artículo en el ejemplar de
Archives of Pediatric & Adolescent Medicine, de
septiembre 2004, sólo el 10 por ciento de los estimados 1.4
millones de adolescentes que necesitan tratamiento lo recibe.
El hecho de que en los adolescentes los
factores que les provocan a usar alcohol y drogas son
diferentes a los de los adultos, podría no ser tratado en el
tratamiento. Y los programas con frecuencia fallan en
integrar los dos ingredientes principales: La familia y los
servicios sociales.
Pero existe gran cantidad de buenos
programas, aunque muy pocos proporcionan suficiente
información a largo plazo para ayudar a tomar una decisión
educada. Entonces, empiece a hacer su investigación y haga
estas preguntas:
— ¿Cuál es el índice de éxito del
programa? ¿Cuántos adolescentes lo teminan en realidad?
Esta podría ser una respuesta difícil de
conseguir, porque pocos programas siguen la pista de sus
clientes adolescentes después del programa. Entonces, tenga
presente que un índice de éxito demasiado elevado podría ser
señal de que tiene que hacer más preguntas, advierte Thomas
Freese, director de entrenamiento en los
Integrated Substance Abuse Programs, de la Universidad de
California, en Los Angeles.
— ¿Cuánto es la duración del programa?
¿Con cuánto éxito mantiene involucrados y matriculados a los
adolescentes?
Muchos expertos expresan llanamente que
cualquier programa de menos de 90 días no vale la inversión
de esfuerzo, tiempo ni dinero, porque se necesita ese tiempo
para empezar a ver cambios en la conducta. Randolph Muck,
principal consejero público del
Center for Substance Abuse
Treatment federal, no está seguro que esto sea tan simple.
“Lo que en verdad es importante no es el
hecho de que sea de 30 o 90 días, sino en que haga una
conexión”.
“En agosto pasado trabajé con un grupo de
enfoque de 30 jóvenes que habían estado en tratamiento más
de una vez. Las cosas que tuvieron éxito en su última
recuperación fue el hecho de que se unieron con una persona
que ayudó a enseñarles a poner en práctica las habilidades
que habían aprendido, para reintegrarse a la comunidad”.
La pregunta para muchos es, ¿qué define
una vida exitosa?
“No sólo es la ausencia de drogas. Usted
necesita algo mejor que las drogas, algo que reemplace las
drogas. Entonces un oficial de libertad condicional se
preocupará porque un joven ingrese en una liga de fútbol; le
inscribirá en clases de guitarra, o le encontrará empleo en
un taller de reparación de autos”, dice William Manov,
administrador del
Programa de Drogas y Alcohol, del Condado
de Santa Cruz (California).
— ¿El programa trata el género y la
cultura?
Los programas fallan cuando se
desatienden de su comundidad. Hace unos años los
administradores de Santa Cruz planearon emplear fondos
considerables de la Robert Wood Johnson Foundation para
crear un programa de “ayuda natural” en el que se trabajara
uno-a-uno con mentores, en forma similar como lo hace el
modelo de
Big Brother/Big Sister. Tenían puestos los ojos
en la comunidad latina, pero cuando se aproximaron a sus
miembros, estos les dijeron rápidamente cómo estaba la
situación — las familias dijeron al condado que ellos jamás
enviarían a sus hijos con extraños. Que en lugar de ello,
el dinero se usara para desarrollar un programa de
fortalecimiento familiar, “Cara y Corazón” (literalmente,
“Face and Heart”).
En contraste, las autoridades en Dayton,
Ohio, una ciudad principalmente de negros, usó el mismo
dinero de la subvención para organizar y montar el mismo
programa de mentores que Santa Cruz había propuesto. Esta
vez fue recibido con los brazos abiertos; con sus ayudantes
naturales extraídos principalmente de iglesias, el corazón
de la comunidad.
— ¿Es la familia gran parte del
programa?
Todo buen programa de abuso de sustancias
empieza con fuerte componente familiar, incluyendo terapia,
para trabajar por cambiar el ambiente en el hogar.
CASASTART, desarrollado por la
Universidad de Columbia - operando actualmente en 72
escuelas en 16 estados - ha tenido éxito sobresaliente en la
combinación de estos elementos. Uno de sus programas
nacionales de prevención, administrado por
Mi Casa Resource
Center for Women, en Denver, se concentra en los
“sospechosos usuales” entre los predominantemente latinos de
8 a 13 años que han sido identificados como de alto riesgo,
por problemas familiares, abuso de sustancias en el hogar y
problemas de conducta en la escuela.
“Les hicimos saber anticipadamente que
nos íbamos a involucrar en todo aspecto de su vida”, explica
Brigid McRaith, directora del programa. Esto significa un
tutor de salón de clases, clases para controlar la ira,
programas después de la escuela cuatro días a la semana,
excursiones de fin de semana a diferentes campus de
universidades y aventuras de escalar rocas.
Mientras ella habla, un alumno de último
año de escuela superior llegaba a su oficina pidiendo ayuda
para completar solicitudes de ingreso a universidades. El
menor de seis hijos, él es el primero de su famila que se
gradua de la escuela superior.
Estaba en la escuela elemental cuando
entró al programa hace seis años. Sus padres, ambos adictos
a las drogas y al alcohol, se mudaban constantemente de uno
a otro lugar.
El programa se preocupó de sus
necesidades particulares: Arregló servicios de consejería,
juntamente con clases de boxeo; le encontró un mentor adulto,
y quizá mucho más imortante, se reunió regularmente con sus
padres, persuadiéndolos al final de que se quedaran en un
sólo lugar.
“Para mí, la parte familiar es lo más
importante”, dice McRaith. “Si nosotros no estamos adentro
de la casa, no comprendemos lo que sucede en ella. Estamos
viendo las cosas simplemente desde afuera”.
(Richard Scheinin es
reportero del San Jose Mercury News.)
De Regreso |