Historia aleccionadora de un niño prodigio de abuso de sustancias  

 

 

Por Richard Scheinin
Public Access Journalism

A los 23 años, Tony Landecker es alumno de segundo año de universidad tratando de reponer el tiempo perdido.  Está en la lista del decano del Augsburg College, en Minneapolis, cambio radical de eventos, dada su flagrante historia de 12 años abusando de las drogas y el alcohol — borracho, fumador de crack, huele-pintura.

Landecker tiene dos palabras tatuadas en la espalda: “Nunca olvides”.  El fue un niño prodigio en abuso de sustancias.  Hoy, viviendo en residencia especial para estudiantes en recuperación, él es fiel creyente de los 12 pasos.  “Si no comienza teniendo un Poder Superior y deshaciéndose de todos los despojos de su pasado, entonces tenga por seguro que no tiene ninguna oportunidad”. 

El descenso vertiginoso de Landecker es una historia aleccionadora.  No se necesita mucho para comenzar un hábito.

Creció en un hogar de clase media en Breezy Point, Minnesota, a las orillas de un lago en los bosques del norte.  Su abuelo le dio la primera cerveza cuando tenía 9 años, durante unas vacaciones familiares en Canadá.  “Recuerdo que me puse a pensar, ‘¡A los 9 años ya soy parte de su grupo!’ Mi hablar se puso incomprensible y recuerdo que a todo el mundo le pareció divertido que me sintiera ebrio”. 

A continuación vino más bebida cuando íbamos de cacería o de pesca con mi familia.  Después los cigarrillos, el robo menor y la preparación de “Windsors-7” — cocktails de Windsor canadiense, whisky y 7-Up — para sus padres, Kim ama de casa y David agrimensor.

“Pronto empecé a recibir amigos en casa, después de la escuela, y bebíamos.  Una de las veces más inolvidables fue cuando en octavo grado nos emborrachamos antes de ir a un partido de football; tomamos bastantes tragos puros, después jugamos.  El beber no era algo que se viera mal en mi familia”.  

Aún así, sus padres vieron las señales de alerta y lo inscribieron en un centro de tratamiento para adolescentes, en el vecino Brainerd.  “En cierta forma fue duro el hecho que a los 14 estaba en tratamiento y que yo definitivamente pensaba que era algo fabuloso… Y al igual que en la mayoría de centros, usted recibe lo que da.  Y yo no estaba dando nada”.

Pasó ocho días en el famoso centro de tratamientos Hazelden de Minneapolis. Landecker compiló sólo lo suficiente como para “que me dejaran tranquilo”, luego pasó como paciente externo a un hospital-clínica — y siguió el camino derecho.

Por más de tres año no tocó el  alcohol.  Fue a reuniones de 12 pasos, sobresalió en los estudios, jugó baloncesto en el equipo universitario.  Y con todo y esto “permanecía fijo en mi mente el hecho de que jamás había usado drogas”.  

Después del décimo grado, cuando trabajaba en el negocio de su padre, un empleado “me enseñó a oler pintura y quedé enviciado inmediatamente.  Olía pintura, butano, y por primera vez fume marihuana.  De allí en adelante pasé a las ‘ligas mayores’: Acido,  metanfetaminas.  Me volví una de esas personas que ‘agarran parranda’:  Acido cuatro o cinco meses, luego éxtasis”. 

Durante el receso primaveral del último año, Landecker fue con amigos a Fort Myers Beach, Florida.  Prometieron entre ellos que sólo beberían una vez, pero se emborracharon “cinco noches consecutivas”.  Cuando regresó a la escuela no paró.  ¿Por qué molestarse?  Era popular y era atleta:  “Borracho hice el home-run más largo en la historia de la escuela”.

También era una “amenaza”:  Landecker alega que él introdujo a muchos de sus compañeros de clase al alcohol y las drogas.  Empujaba con fuerza a su madre y amenazaba a su padre, aterrorizando a su hermanito menor.  Sus padres ponían llave a su puerta porque temían que yo les iba a matar”. 

Cuando se graduó de la escuela superior en el 2002, ganó una beca para jugar football y baseball en la Universidad de Minnesota, en Crookston, e inmediatamente se unió a gente que bebía, fumaba y usaba cocaína.  Jamás fue a clases:  “La única vez que despertaba y me bañaba era para ir a un bar”.

Habiendo seguido el programa de 12 pasos cuando adolescente, él entendía perfectamente los ciclos de su dependencia.  “Cada vez que usaba algo pensaba lo estúpido que era.  Cómo eso no iba a hacerme otra cosa que daño.  Y toda droga que usé, me hice adicto a ella.  Así que me odiaba a mí mismo.  Y para dejar de odiarme usaba más.  Y entre más usaba, más se me olvidaba lo que estaba haciendo.  Era una ruta de escape fantástica’.  

De regreso en Breezy Point, durante el verano del 2003, trabajó en una marina propiedad de alcohólicos.  “Hoy usaba mucha más cocaína.  Probablemente US$500 a la semana.  Y empezaba a beber a las 8 de la mañana… vodka Red Bulls, y no paraba de beber hasta las 2 o las 3 de la mañana siguiente.  Empecé a padecer de inflamación en el hígado — la gente podía verlo; se me veía un ‘bulto’ cuando estaba inflamado.  Tomaba 1.75 litros de licor puro al día y a punto de entrar a tratamiento.  Pero siempre terminaba borracho y me olvidaba de hacerlo”.  

En el otoño, en la escuela, vendió cocaína y marihuana.  “Finalmente, un día escribí como $2,000 en cheques sin fondo.  Las multas de la corte (por manejar ebrio y violaciones de ebriedad siendo menor de edad) no habían sido pagodas.  Llamé a mi papa y le dije que me urgía ayuda. 

“Me enviaron a este lugar llamado Glenmore, en Crookston, durante la desintoxicación me dieron convulsiones.  Fue un proceso de cinco días de vómitos y caminar con calor y fríos, de ver alucinaciones  de pequeños hombres morados.  Era increíble lo profundo que la adicción había penetrado en mi cuerpo”. 

Lo trasnfirieron a Hazelden y terminó en un albergue temporal (halfway house). No bebió.

Pero tampoco hizo las tareas que se le indicaron ni asistió a reuniores de 12 pasos.  En lugar de ello, se mudó a una “casa de sobriedad” privada y empezó a visitar casinos y lugares similares en la zona con más vicio en la ciudad. 

Los estudios pasaron a la historia. Se mudó con un antiguo compañero de habitación y empezó a fumar crack.  “Regresé a la rutina de tomar todo el día.  Jamás había llegado a un punto tan bajo en mi vida.  Cuando estaba borracho, llamaba a mis padres desde la autopista”.

En agosto 2004, su compañero de apartamento lo llevó a The Lodge, en Hazelden. Fue el momento de la verdad: Landecker dice, “tuve una experiencia espiritual, me puse en contacto con el Poder Superior.  Ahí le llevan a uno en ‘caminatas por la naturaleza’.  Le hacen rezar en la mañana y en la noche… y durante el día.  Piden que uno haga una lista por lo que está agradecido, como tener familia que verdaderamente se preocupa por uno; tener amigos que se preocupan tanto por uno que lo traen a este lugar.  

“Desde entonces estoy sobrio”.

Su relación con su familia es “excepcional”.  Quieren que regrese a casa.  Confían otra vez en mí”.  

Sus padres han eliminado el alcohol de sus vidas; su madre está estudiando para ser consejera de dependencias químicas.

En su primer año en Augsburg, Landecker obtuvo 3.66 GPA. “En football estoy fantástico”, dice; juega ‘free safety’.  No ha faltado a clases, evita las fiestas y es seguidor fiel de los 12 Pasos, asistiendo a tres reuniones semanales fuera de las instalaciones universitarias. “Jamás me sentí así de fuerte”. 

Hoy es ejemplo para los que acaban de empezar su sobriedad, porque él mismo tuvo mentor — y porque necesita “seguir sintiendo a través de ellos el dolor” de la adicción para no olvidar el suyo propio y recaer.  

Landecker habla sobre la adicción en escuelas y clínicas, y está ayudando a establecer una network online de recuperacion a nivel nacional para ayudar a estudiantes universitarios, especialmente a atletas, a que encuentren compañeros de dormitorio sobrios y a que mantengan estilo de vida sobria.  

Augsburg, una universidad luterana de ciencias y humanidades, con 1,700 estudiantes diurnos, tiene su propio programa de recuperación “StepUP”, con dormitorios de sobriedad, servicios de consejería y reuniones comunitarias regulares para unos 40 jóvenes - hombres y mujeres; así como también graduados de StepUP.  La filosofía de 12 pasos está integrada al programa.  Todo junto sirve para reforzar la sobriedad en Landecker.

Aún así, el no cree que la mayoría de programas sean efectivos.  No para gente joven testaruda.  “Digamos que mi hijos terminan siendo alcohólicos; yo jamás los enviaría a un tratamiento a menos que estuvieran tan profundos en la adicción como para necesitar esa ayuda”. 

El está convencido de que la recuperación sólo se logra con los 12 Pasos y que ellos enseñan:  A tener fé en un Poder Superior y el “servicio a los recién llegados que han logrado un día de sobriedad. 

“Finalmente:  Nadie pudo haber hecho que yo dejara las drogas y el alcohol hasta que estuve listo.  Usted no puede obligar a nadie a que lo haga”.

(Richard Scheinin es reportero del San Jose Mercury News.)

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HISTORIAS PUEDEN SER COPIADAS CON LA AUTORIZACION: De la Fundacion de Robert Wood Johnson "Tratamiento Silencioso: Adiccion En America" proyecto, producido por Public Access Journalism, LLC.
 


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