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La vida en recuperación: ‘Hay
algo especial en estar ahí afuera todos los días,
volviéndose cada vez más fuerte ante el mundo’ |
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Por Jodi Mailander Farrell
Public Access Journalism
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Para Angela Lee, su primer día de
sobriedad — 20 de diciembre, 2000 — está grabado en su
mente como un cumpleaños o un aniversario de bodas.
Este es el día cuando su cuerpo no pudo
más debido a envenenamiento por alcoholismo crónico, según
su cuadro clínico en el
Programa de Tratamiento de la
Adicción en el Hospital del Sur de Miami, donde pasó los
siguientes 65 días.
Este fue el momento de ‘tocar fondo’ que
muchos alcohólicos describen como su señal de alerta:
Convulsiones, rechinar de dientes, experiencia casi mortal
en la que ella dice sintió que Dios la tenía sobre la palma
de Su mano y la estaba juzgando. Para Angela, de 54 años,
una mujer bien educada de la clase media-alta de Miami -
cuya ambición en cierto momento fue llegar a senadora – este
fue el comienzo de un viaje difícil y peligroso en el que
permanecerá hasta el día que muera. Se llama recuperación.
Hoy adicta a la buena salud y al
ejercicio, Angela camina, salta y lanza patadas al aire
todos los días, por las calles de Coconut Grove, Fla., un
vecindario lleno de vegetación al Sur del centro de Miami
donde la señal más visible de su recuperación es su ritual
matutino de colgarse de las raíces aéreas y lianas de los
árboles banianos, elevando su figura petite con
levantamientos de piernas y pull-ups.
Los niños que por la mañana se encaminan a la escuela y los
transeúntes la llaman “la dama de los árboles”. Agente
comercial de bienes raíces, ella comparte con todo el mundo
que conoce, su historia sobre alcoholismo y recuperación.
Pero para esta historia, Angela prefiere usar su primer y
segundo nombre porque no quiere violar la tradición de los
AA de mantener el anonimato en los medios de prensa. Así es
como ella ha llegado hasta aquí:
El
RITUAL MATUTINO
Todos los días me levanto a las 4:30 am y me tomo todo un
tarro de café. Jamás uso despertador o llamada telefónica.
Tengo problemas para dormir. Me despierto cada dos horas.
No se si así era antes porque entonces siempre estuve ebria.
Vino, whiskey; usted menciónelo, yo lo tomé. Para mí no era
nada tomarme toda una botella de vino. Cuatro whiskeys en
una noche eran algo normal. Los dos meses antes de ‘tocar
fondo’, en mi sistema no tenía otra cosa más que alcohol.
Vivía en un matrimonio de violencia física. Estaba ahogada
por las deudas. Bebía para calmarme… hoy apenas si puedo
esperar para levantarme. Mi tiempo en la mañanita, antes de
ir a trabajar, es absolutamente fantástico. Enciendo dos
velas en una mesa de café junto al sofa. Me siento en mi
patio rodeado de paredes y disfruto de mi café. Fumo. Y
simplemente converso con Dios.
Todas las mañanas escribo mi diario una o
dos horas en una libreta de la compañía, uso letra de carta.
He llevado mi diario por cinco años. Es un registro de mi
recuperación. Siento como si ese fuera mi deber…
Salgo de casa cuando el Sol comienza a
salir, alrededor de las 7 a.m. Camino hasta Plymouth
Congregational, la iglesia a la que he pertenecido desde que
era niña. Digo mis oraciones en la puerta de la iglesia.
Usualmente me toma cinco minutos, pero es una parte crítica
de lo que yo llamo mi “rutina de sobrevivencia”. Bailo por
ahí, lanzo patadas al aire enfrente de la iglesia. Luego
voy a la primera liana que encuentro colgando de lo que yo
llamo el Arbol de la Vida. Es el árbol baniano principal,
cerca de la iglesia, y es el árbol en el que yo jugaba
cuando niña. Después paso a otras lianas y camino.
Cuando estoy allí no tengo temores y no
necesito beber… Solía preocuparme por lo que la gente podría
pensar de mí, como exhibicionista. Otras veces camino hasta
Main Highway. Me preguntaba si la gente podía ver esta gran
A, marcada en mi cabeza: A por Angela. Anónimos.
Alcohólica. Hoy ya no permito que esto me preocupe. Me
siento como de 12 años. Me siento super. Hay algo especial
en estar ahí afuera todos los días, volviéndose cada vez más
fuerte ante el mundo. Esos transeúntes que veo; muchos de
ellos me conocen, y para mí es importante que me vean sobria.
Algunas veces lo hago dos veces al día. Si no tengo otra
cosa que hacer, entonces lo hago. Porque no quiero aburrirme.
Es peligroso.
MAL MATRIMONIO
Abandonar a mi segundo esposo fue parte de mi recuperación.
En el centro de tratamiento, ellos no recomiendan terminar
una relación mientras usted se encuentra en su primer año de
recuperación. No quieren que usted tome decisiones muy
grandes porque podrían ser las equivocadas. Nunca dije a
nadie que mi esposo me golpeaba. Tenía miedo que fuera a
matarme porque él también es alcohólico. Sabía que si me
quedaba iba a volver a beber. Tenía moretes y marcas de los
golpes en todo el cuerpo. En el examen final, al salir de
la residencia del programa, la enfermera me preguntó, ¿Qué
causó eso? Fue muy duro. Me sentí tan avergonzada. En
todos los grupos de autoayuda a los que asistí, escuché a
tantas mujeres decir que esta es una de las cosas más
difíciles de las que una mujer puede hablar. Me siento tan
avergonzada por ello, mucho más que por la bebida.
SOBRE LA MATERNIDAD
Tengo un hijo de mi primer matrimonio. Tiene 30 años. Como
madre me siento tan mortificada; tan avergonzada. Estoy
tratando de dar bastante espacio a mi hijo. El siente
verguenza, pero es increíblemente leal. Jamás me rechazó o
me trató mal. Siempre me trató con respeto. Es mi único
amor, verdadero y fiel. Me preocupo por él. Siento que el
alcoholismo es una enfermedad genética. Se parece tanto a
mí. Algún día tendrá que dejar de beber. Procuro no
molestarlo. Pero no quiero que él termine como terminé yo.
NUEVAS RELACIONES PERSONALES
Desde que dejé a mi esposo jamás fuí o salí en una cita
romántica. Parte de esto es por lo bien que me siento.
Nadie se va a meter en mi espacio. Nadie va a interrumpir
mi momentum. Yo me adhiero a mi rutina. Rara vez salgo a
comer por la noche. Me siento sexy y me atraen los hombres,
pero en realidad quiero estar sola. Pienso que jamás voy a
volver a sostener una relación amorosa.
REUNIONEs
Al principio, después que salí del centro, fui a unas 10
reuniones (de AA) a la semana, a todos los grupos, en todo
lugar. Hoy voy a unas cuatro a la semana. Si un amigo o
amiga va a hablar al otro lado de la ciudad, entonces voy.
Los martes por la noche me mantengo activa en la sociedad de
mujeres. También voy a estudios bíblicos y talleres de
meditación. Voy a hablar y a escuchar, y a mantenerme al
día con mis amigos… No estaría viva si no fuera por ese
grupo… La historia de todo el mundo es diferente, pero algo
que todos tenemos en común es nuestra enfermedad terminal.
Si no permanecemos unidos no vamos a lograrlo. Existe una
relación especial entre estas personas. “Tu compartes tu
historia conmigo y yo voy a compartir mi historia contigo”.
Mantengámonos unidos y curémonos juntos”. Este tipo de
sentimiento nace al minuto de haber llegado al hospital. Es
tan bello.
MANTENIENDOSE EN CONTACTO
Gran parte de mi recuperación es la forma tan cariñosa como
la gente es cuando me ve en la calle. Nos detenemos y
conversamos. “¿Cómo está? ¿Qué ha hecho? ¿A dónde va? Me
hace sentir tan feliz estar viva. Es tan consolador para mí
saber que en este vecindario tanta gente está conmigo.
Cuando voy a Milam’s (grocery store), la gente examina mi
carrito para ver si llevo cigarrillos o bebida. Veo a la
gente espiando mi carrito y empezamos a reir. Es como estar
en Weight Watchers y ellos están tratando de agarrarle a una
comprando helado.
EL
TRABAJO
Estoy consciente de que hay mucha gente trabajando en el
negocio de bienes raíces comercial — banqueros, compradores,
vendedores, otros agentes — que probablemente se sientan
incómodos a mi alrededor. Algunos se preocupan por ellos
mismos no quieren que los reclute al mundo de la
recuperación; o podrían ser alcohólicos en recuperación y no
quieren que yo me entere. O podrían sospechar que yo voy a
recaer — porque las probabilidades de que eso suceda son
enormes — y no quieren trabajar conmigo. Mis clientes y
amigos saben, pero yo puedo hacer eso porque trabajo para mí
misma. Algunos clientes todavía se comportan raros por esto.
No me invitan a fiestas cocktail… y nunca voy a ir. El
haber hecho pública mi recuperación no es lo más inteligente
que he hecho en mi vida, pero tenía que hacerlo, aún cuando
no pueda hacer otra tansacción de bienes raíces. No podría
ser diferente. Para mí es un milagro estar viva.
VIEJOS AMIGOS
Algunos de mis amigos más cercanos, con los que solía beber,
me apoyaron los primeros dos años, algunos financieramente.
Hoy unos no quieren saber de mí. Si alguien bebe mucho, no
quiere estar cerca de una persona que no toma. Todos los
libros de recuperación dicen que uno tiene que cambiar casi
todo. No recuerdo haber dejado amistades. Ellos me dejaron
a mí. Tenía dos amigas que en realidad me apoyaron. Una es
soltera y en recuperación. Vive en un penthouse …
Actualmente está en un centro de tratamientos en Malibú. La
conozco desde que eramos pequeñas. Cuando me mudé, ella
acababa de salir de tratamiento. Se me dijo que cortara
esas amistades. Amigos en recuperación, mi terapista, todo
el mundo pensó que yo no debía vivir allí. Pero me permitió
vivir con ella sin pagar. Yo no podía pagar renta, y ahi
estaba viviendo en un penthouse bello. Me hizo sentir auto
estima. Fue cosa de sobrevivencia. Aún somos buenas amigas
y yo rezo por ella.
VIVIENDO CON TEMOR
Yo podría chocar y quemarme. El temor a recaer, el temor a
morir es enorme. Tengo más temor a morir porque ya lo hice
antes. Soy tan alérgica al alcohol que no puedo cometer
otro error. Para muchas personas en recuperación no es
extraño salir por un rato y tomar un trago, sólo para darse
cuenta que no pueden hacer eso y empezar todo otra vez. Yo
no puedo hacerlo. Los doctores me dijeron, “Usted jamás
podrá tomar otra vez Mi garganta simplemente se cerraría.
Tengo pánico de beber por accidente, de levanter el vaso
equivocado o comer postre con licor. El chocolate Godiva
con liqueur sería como inyectarme heroína. Amo demasiado mi
vida. Tengo tanto por qué vivir. Pienso que puedo ser la
diferencia positiva en la vida de muchas personas. Puedo
ser buen ejemplo para mi hijo y sentirme orgullosa de mí
misma. Mi vida podría ser corta porque las oportunidades de
beber otra vez son tan fuertes.
DANDO ALGO A CAMBIO
La clave de la recuperación es enderezar su propia vida y
luego ayudar a alguien más. Es la alegría de servir a otra
persona. Si recaigo, voy a decepcionar a un montón de
personas. Cuando alguien se me acerca y me pide ayuda y yo
lo envío a un grupo de recuperación o a un consejero, lo que
en realidad estoy haciendo es manteniéndome en contacto con
ellos y dejándoles saber que les estoy apoyando.
ENCONTRANDO RELIGION (OTRA VEZ)
Lo principal que me ha sostenido es mi relación con Dios… El
jamás me abandonó. Paso bastante tiempo conversando con EL,
suplicándole que me perdone. Siento como si mis oraciones
son respondidas todo el tiempo… Tantas veces se me ocurre
beber, luego pienso, “Lo extraño”, o, “Ah, ojalá pudiera
beber”. Pero instantáneamente me imagino que estoy
virtiendo cloro en mi garganta. El minuto que siento deseos
de beber me detengo y pido a Dios que me quite los malos
pensamientos.
LA
MARCA DE LOS CINCO AñOS
Cinco año es el verdadero punto de regerso. Es importante
llegar hasta allá. Después de cinco años la gente se pierde,
uno alcanza un nivel de comodidad, ya no va mucho a las
reuniones. Al principio tenía temor de viajar a Miami;
confiaba en mi rutina diaria y programa de actividades. Era
un horario riguroso que giraba alrededor de mantener mi
sobriedady de mantenerme física y mentalmente en buena
forma. Jamás en esos dos primeros años viajé una sóla vez,
fui a un restaurante o me senté en el bar viendo las
botellas de scotch. Después de dos años empecé a sentirme
más segura.
Hoy, un poco después de los cinco años desde que empecé mi
recuperación, tengo mi propia compañía. Mis primeros dos
años en el negocio han sido de un éxito increíble. Es un
milagro. Tengo mi licencia de agente de bienes raíces y una
compañía de bienes raíces con registro estatal. Mi hijo
acaba de venir a trabajar conmigo. Hoy tengo una tarjeta de
crédito y buen crédito.
Jamás viajé, hasta este año. Acabo de regresar de un viaje
de 30 días. Conduje hasta California. Me quedé en buenos
hoteles, con bar en la habitación. Fui a restaurantes donde
me encantaba beber con amigos. Fue algo así como mi examen
final. Fue como graduarme con mi doctorado en recuperación.
En AA dan medallas por cada año de recuperación. Yo llevo
la de mi IV y la de mi V año. Para mí es algo tremendamente
importante.
(Jodi Mailander Farrell es reportera del
Miami Herald.)
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