El Nuevo Activismo:  La recuperación de las adicciones nos prepara para ‘salir del sótano’ y entrar en la arena de la salud pública

 

 

Por Jodi Mailander Farrell
Public Access Journalism

 

“Al final, cuando no nos ponemos de pie y hablamos, lo que logramos es escondernos tras nuestra recuperación y reforzar el mito más peligroso sobre esta enfermdedad – que ho hay esperanza”.

— William Cope Moyers, autor de "Broken: My Story of Addiction and Redemption".

Dorian Grey Parker, doctor en teología y titulado en medicina clínica – vivió la mayor parte de sus 42 años en las calles Hartford, Conn., adicto al alcohol y la cocaína.  No está orgulloso de ello.  Sin embargo el pasado septiembre estuvo entre mas de 2,500 alcohólicos y drogadictos en recuperación, rodeado de aquellos que lo apoyan, marchando en su ciudad natal en la caminata “Recovery Walk”, una demostración pública radical de personas luchando con una de las enfermedades mas invisibles en los Estados Unidos.

Determinado a clavar el mensaje de una recuperación exitosa en la médula de la conciencia estadounidense, un nuevo movimiento de apoyo está urgiendo a las personas a que compartan con el público sus historias de recuperación. Este pequeño, pero creciente grupo de activistas que espera acabar con la discriminación, incentivar la moral e incrementar el apoyo financiero, está tomando como modelo las campañas de concientización pública del cáncer de seno y el SIDA, para proyectar ambos problemas de salud en las pantallas del radar nacional.

Para ser una comunidad de personas — la cual se calcula anda en los millones — que han aprendido ha vivir con sus adicciones, superar el viejo silencio es el reto inmediato más grande. 

Tenemos que compartir el mensaje”, dice Parker, quien desde que se ‘limpió’ ha abierto una casa de recuperación para otros adictos. “Vengo por los recien llegados, quienes sienten esperanza cuando ven a otros que tienen multiples años de estar en recuperación; y tengo que estar aquí por aquellos que no tienen ni idea.  Existe un estigma moral tan grande asociado con esta enfermedad. Todo se desprende del hecho de no comprender, pero nosotros podemos cambiar eso”.

El movimiento emergiendo actualmente para sacar la adicción del sótano y de los salones de reuniones anónimas donde la mayoría de grupos de auto-ayuda  se reune, no está dirigido por una sóla persona u organización. Esta es una escuela de pensamiento amorfa y evolutiva, creciendo de grupos de recuperación a nivel nacional, estatal y local; todos parte de una extensa red clandestina tan diversa como la misma adicción. Hoy hay reuniones de apoyo para la recuperación de nativoamericanos,  afroestadounidenses, mujeres, mormones, judíos, budistas, paganos, motociclistas, homosexuales y lesbianas, artistas, farmaceutas, parejas, ancianos, monjas, y para aquellos de habla hispana - entre otros. Ellos están unidos por su objetivo de convertir la adicción al alcohol y las droga en un tema de salud pública.

 En lugar de ser visto como una debilidad moral, los activistas discuten que la adicción a las drogas y el alcohol debe ser considerada una enfermedad crónica, como se hace con el asma o el cáncer.

“Casi estoy seguro que el público en general no cree que un adicto al alcohol y las drogas se pueda recuperar, dice Phillip Valentine, director ejecutivo de la Connecticut Community for Addiction Recovery, un grupo con base estatal, de promoción y apoyo que organizó la primer Caminata de Recuperación hace seis años. “Muchas, muchas personas han logrado mantener su sobriedad durante mucho tiempo y quizá usted no está enterado.  Es necesario dar un rostro identificable al processo de recuperación, de esa forma las personas no sentirán tanto miedo, aprehensión e ira por ello. Esta no es una condición sin esperanzas”.

 Un obstaculo para ayudar activamente a aquellos en proceso de recuperación: Nadie sabe exactamente cuántos estadounidenses lo han logrado.

Mark Willenbring, director de Treatment and Recovery Research Division en el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, en Bethesda, Md., ha calculado que el número de norteamericanos en recuperación sólo por abuso de alcohol anda alrededor de los 9.2 millones, basado en muestras de probabilidad.  Pero no existe ni siquiera un estimado aproximado de cuántos ex-adictos a las drogas se encuentran en remisión estable; sin mencionar alcohólicos que tambien abusaron de las drogas.

“Es una pena tan tremenda no saberlo”, dijo Alexandre Laudet, director del Center for the Study of Addictions and Recovery, en el National Development and Research Institutes de Nueva York, el cual planea conducir una encuesta  a nivel nacional para tener una mejor idea acerca del total.

“El problema es que existen múltiples bases de datos en todo lugar y usted puede investigar y analizarlas en varias formas, en términos de cuántas personas han usado drogas y alcohol en el último mes o año, por edad, sexo y raza; pero no tenemos ni idea de cuántas personas están en recuperación”, dijo Laudet. “Conozco personas… en sus sesentas y setentas que han permanecido en recuperación por 30 o 40 años.”

Una imagen más clara de éxitos de recuperación podría ayudar a a políticos, centros de tratamiento e investigadores a mejorar los tratamientos y el proceso de recuperación; y a aprender la forma de lidiar con las consecuencias a largo plazo, muchas veces relacionadas con el abuso de sustancias – problemas de salud como el VIH/SIDA, enfermedades cardiovasculares, enfermedades de riñón e hígado y problemas emocionales o sociales como la perdida de empleo o el divorcio.

Complicando la situación está el hecho de que la recuperación es esencialmente crecimiento personal, algo muy difícil de calcular estadísticamente. Pero, ¿cómo medir el exito de una enfermedad que no tiene cura? Agregue a eso el peligro constante de recaer; investigaciones han demostrado que la mitad de aquellos en recuperación sufren por lo menos una recaída.   Y aunque el riesgo podría disminuír con el tiempo, continúa siendo una realidad. Uno de los escasos estudios a largo plazo sobre adictos a la droga — chequeos complementarios en un periódo de 33 años con adictos a narcóticos, publicado en el General Archives of Psychiatry en el 2001 — descubrió que el 25 por ciento de un gran número de adictos a los opiáceos  recayó después de los 15 años de abstinencia.

Aún como regla general, la mayoría de expertos en tratamientos considera la recuperación en los mimos términos del cáncer: Cinco años de poco o ningún uso de alcohol o drogas y puede respirar con tranquilidad”.

La recuperación no es sólo alguien que no haya vuelto a usar alcohol o drogas, es alguien que ha continuado con su vida, inntengrándose de nuevo en la comunidad”, dijo Pat Taylor, directora ejecutiva de la campaña Faces & Voices of Recovery , una organización sin fines de lucro con cinco años de actividad, con base en Washington, D.C., la cual lucha por convertir la recuperación en un tema de interés público. “No sólo es el hecho de estar sobrio, sino el haber regresado a una vida normal”.

Como parte de su campaña nacional, el grupo ha creado un video de 45 minutos para ayudar a personas en recuperación, a relatar sus historias. Hoy existen programas de radio, en el internet, programas artísticos, librerías, un festival de cine y la propuesta para un canal de televisión por cable dedicado a la recuperación. Existe hasta un libro de cocina para recuperación: "The Sober Kitchen: Recipes and Advice for a Lifetime of Sobriety" por Elizabeth Scott, chef profesional.

William Cope Moyers, hijo del famoso locutor y autor Bill Moyers, sin darse cuenta se convirtió en el rostro no oficial del movimiento, cuando en 1996 comenzó a hablar públicamente sobre su propia adicción al alcohol y la cocaína.   Exitoso periodista durante 15 años en CNN y periódicos en todo el mundo, cuando adolescente y en la decada de los 1970, Moyers experimentó primero con marihuana. Como a muchos chicos universitarios, a él le gustaba beber en exceso los fines de semana. Pero el beber se convirtió en abuso de drogas, y al llegar a los 30 años dijo que estaba adicto a la cocaína crack. 

“Estaba trabajando para Newsday en Long Island y era buen reportero, pero ni mis jefes ni mi esposa, ni mi iglesia tenían idea que yo vivia en las calles de Nueva York adicto al crack”, cuenta Moyers. “Los alcohólicos y los adictos son hábiles para cubrir sus pasos. Siempre digo a las personas en sus primeros pasos de recuperación que si uno invierte tanto tiempo en recuperarse como lo hizo cuando usaba drogas, entonces será un camino bastante fácil. Toqué fondo en agosto de 1989 en una casa de crack en Harlem, después de usar cocaína por ocho días consecutivos”.

Moyer es ahora vice presidente de asuntos exteriores en la Hazelden Foundation, un centro de rehabilitación en Minnesota donde el también fue paciente. El viaja por el país, llamando la atención a la necesidad de más centros de tratamiento, dinero para accesarlos y la importancia de salir del closet de la recuperación.

“Mi primer discurso público fue en un Club Rotario de St. Paul y pensé que iba a hablar desde una posición de autoridad, como empleado de Hazelden”, dijo Moyers, quien recayó tres veces antes de lograr la recuperación a largo plazo, hace mas de 11 años. “Empecé a repetir estadísticas y noté que la gente se estaba durmiendo. Era una audiencia dura. Así que ignoré mi discurso y les dije, ‘Les quiero hablar de esta enfermedad que padezco’. Y todo el mundo comenzó a despertar.  Entonces comprendí que el verdadero poder es la autenticidad de las experiencias de personas como yo. Nadie puede impugnar mi credibilidad en cuanto a ser un adicto a las drogas en recuperación. Lo logré aun contra mí mismo. Por eso estoy muy agradecido y por eso quiero dar algo a cambio”.

Moyers dice que hoy su nueva meta es cambiar políticas públicas. Sus memorias van a ser publicadas por Viking Publishers en septiembre. Pero el insiste que hay otras historias que tienen que ser relatadas y escuchadas.

Para aquellos que prefieren no contar su historia, existe una buena razón. La adicción no es solamente dolorosa y embarazosa sobre la cual hablar, sino que el relatarla puede poner en peligro sus trabajos y alterar relaciones personales.

Aquellos que apoyan la recuperación advierten que el contar su historia no es bueno para todo el mundo. El National Council on Alcoholism and Drug Dependence, uno de los grupos de apoyo más antiguos del país, sugiere que laspersonas tengan por lo menos dos años de sobriedad en su récord. Bill White, consultor ‘senior’ de investigaciones en Chestnut Health Systems y autor del libro seminal de 1998, "Slaying the Dragon: The History of Addiction Treatment and Recovery in America,” dice “…sin importar cuánto de positivo pueda tener, la gente siempre hace sacrificios cuando hace este tipo de cosas. Ellos enfentan la misma adversidad que experimentaron los primeros homosexuales y lesbianas cuanto salieron del “closet”. Personas pierden empleos y familias pueden ser destruidas por ello”.

Las cifras lo dicen todo. Un cuarto de aquellos en recuperación informa que a ellos se les ha negado promociones de empleo o tuvieron problemas en conseguir seguros de vida; y cuatro de cada 10 dicen pasar por problemas o verüenza social; esto según una encuesta nacional del 2001, llamada "The Face of Recovery".  En la misma encuesta, 20 por ciento temía ser despedido o enfrentar discriminación en el trabajo; y casi el 40 por ciento está muy o bastante preocupado de que otras personas se den cuenta de su problema.

Las personas en recuperación constantemente enfrentan políticas públicas y privadas que fueron creadas como medida disuasiva o para castigar el abuso de drogas y/o alcohol. En papel, el castigo puede que tenga lógica; en la práctica muchas veces es contraproducente para los que quieren dejar en su pasado su adicción.

Aquellos con enfermedades causadas por el alcohol o las drogas pagan en sus seguros de vida coutas deducibles y co-pagos más altos por tratamientos, tienen menos derecho a visitar al medico, menos días de cobertura y más restricciones en la cantidad que pueden gastar, aún cuando sus beneficios de seguro cubran el tratamiento – esto siempre y cuando tengan cobertura, esto según Join Together, un proyecto de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston que formó un panel nacional de apoyo en el 2002 para analizar los problemas de discriminación. El panel encontro que el Americans with Disabilities Act se usa muy pocas veces en estos casos y que los empleados que buscan tratamiento con frecuencia son despedidos antes de conseguir ayuda.

Y aunque muchas personas sentenciadas por drogas abandonan la cárcel o la prisión con problemas de abuso de sustancias, las leyes federales les prohíben recibir ayuda federal o estampillas para comida, para sostenerse ellos mismos mientras reciben tratamiento.  A no ser que completen un programa de tratamiento, ellos estan excluidos de hogares públicos y ayuda financiera federal durante cierto tiempo, haciendoles imposible el poder re-incorporarse a la sociedad. La mayor parte de estados incluyen en sus leyes de beneficios para la salud mental, tratamientos para el abuso de sustancias, pero más de 13 estados cubren sólo el tratamiento por alcoholismo.

En cuanto a los derechos de recuperación ha habido avances.  El año pasado defensores festejaron cuando el Congreso levantó parcialmente una prohibición de ayuda financiera que evitaba que más de 100,000 estudiantes con condenas por drogas en sus expedientes pudieran recibir subvenciones, préstamos, becas y oportunidades de trabajo al estudiar.  Por años defensores de grupos en  recuperación presionaron en Washington por levantar la prohibición, discutiendo que aquellos condenados a muerte tenían la oportunidad de ayuda financiera, pero que gente con exppediente por drogas no. 

Existe otra razón por la que personas en recuperación tienden a mantenerse calladas – la tradición del anonimato.

La promoción de mantener un perfil bajo es una forma efectiva de estimular a que personas busquen ayuda y de protegerlos de discriminación y crítica.  Esto también ayuda a preservar la integridad de grupos de auto-ayuda como Alcohólicos Anónimos (AA), el más grande de su tipo, con mas de 56,000 grupos en los Estados Unidos y Canadá – y reglas muy estrictas para miembros hablando públicamente. Cuatro de las 12 tradiciones que perfilan la forma cómo los grupos AA y sus miembros deben operar, hacen hincapié en la importancia del anonimato. La tradición 12 la enfatiza con gran fuerza, llamando al anonimato la “base espiritual” de las otras tradiciones, anteponiendo el bien común ante los logros personales.

El grupo atesora tanto su tradición de anonimato que cada dos años se cambian los empleados dentro de la sede, en parte para que nadie se sienta cómodo como portavoz de la organización. En cuanto a sus miembros, ellos pueden dar charlas como alcohólicos en recuperación en entrevistas de radio, televisión y en el internet, pero no como seguidores de AA.  Ellos sólo puede hablar como parte de AA si sus nombre y rostro no son revelados.

“No somos una sociedad secreta”, dice Irene K., empleada de la Oficina de Servicio General de AA en Nueva York quien como otras 10 empleadas en este lugar insiste en no usar su apellido. “Nosotros no queremos ser. Queremos ser capaces de salir al mundo y dar charlas en salones de clases, hablar con jueces, hogares de ancianos, abogados defensores… para decirles, ‘Esta es mi historia. Soy un alcohólico’… Nos gusta mucho dejar que otros sepan que existimos. Pero tenemos un compromiso de información pública que tenemos que seguir dentro de los limites de las 12 Tradiciones”.

Moyers, quien en su nuevo libro hace una crónica de su involucramiento con AA y con una de sus hermanas de auto-ayuda, Narcóticos Anonimos, se está preparado para una respuesta violenta. Anque en sus charlas jamás ha admitido su participación en los 12 pasos, Moyers dice que no pudo evitar hacerlo en su autobiografía.

"Sería todo lo contrario a un servicio si no dijera a la gente la forma cómo me recuperé, dice Moyers, quien aún asiste en St. Paul a grupos de 12 Pasos, al menos una vez por semana; y en otros lugares cuando anda de viaje. “Acepté y vivo una vida de recuperación basada en los 12 Pasos.  Jamás revelo lo que se dice en las reuniones.  Guardo el máximo de los respetos por los miembros de la comunidad de los 12 Pasos, cuyas perspectivas en el tema del anonimato difieren de las mías”. 

"Este es un tema muy controversial y respeto ambas partes en el debate, pero le digo que considero que este malentendido de las tradiciones ha vuelto muy difíciles las cosas para aquellos buscando apoyo y luchando por mantener un esfuerzo sostenido y exitoso”, comenta él.  

Todo este asunto del anonimato es donde está  la espina”, dice Robyn Leary, quien tienen un programa semanal de radio, llamado "Recovery Talk", en WDFH-FM, en el Valle Hudson de Nueva York. Leary ofrece a sus invitados la alternativa de usar todo su nombre.  “No es asunto de insistir que todo el mundo se dé a conocer”, dice Leary, quien ha organizado un festival de cine llamado "Bajo la Influencia”.   “Esto es un llamado voluntario.  Yo pienso que el anonimato va a mantener en el sótano de las iglesias a la gente en recuperación.  Va a evitar que más y más personas consigan tratamiento.   “Si usted es parte del siglo 21, la cuestión es ser socialmente responsable”, dice Leary.  “Si usted no está personalmente en recuperación, yo puedo asegurarle que alguien que uste ama lo está.  Una nueva generación necesita aprender que sólo existe una cosa que un alcohólico en recuperación no puede hacer — y eso es beber".

(Jodi Mailander Farrell es reportera del Miami Herald.)

 

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HISTORIAS PUEDEN SER COPIADAS CON LA AUTORIZACION: De la Fundacion de Robert Wood Johnson "Tratamiento Silencioso: Adiccion En America" proyecto, producido por Public Access Journalism, LLC.
 


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