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Los primeros 90 días: ‘Cuando
me vaya voy a cambiar de personas, lugares y cosas |
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Por William Celis
Public Access Journalism |
“Bruma total” es la forma como Pierre
describe sus primeros días de tratamiento para su adicciones
de Valium y alcohol.
“No puedo recordar las primeras 48 horas”,
comenta sobre los 30 días que permaneció el otoño pasado, en
la McShin Foundation, de Richmond, Va. “Un montón de gente
durmió tres días completos. Usted no duerme cuando se
encuentra bajo el efecto de las drogas. Hoy que ya no está
usando drogas, necesita dormir”.
A los 46 años, Pierre es un comerciante
exitoso, trabajando para una compañía nacional detallista.
Su adicción a la Valium – la cual se vende con receta
médica – para controlar su parálisis cerebral, se vio
agravada por la dependencia prolongada y abundante del
alcohol.
El tampoco supo, hasta cuando adulto, que
su padre (quien falleció cuando Pierre tenía 15 años) era
bebedor consuetudinario. “Si yo lo hubiera sabido, habría
sido más cuidadoso”, dice Pierre, conocedor de que la
investigación médica ha asociado la adicción con la herencia
genética.
Llegó la primavera y hasta hoy él ha
estado fuera de tratamiento casi 12 semanas — “110 días”,
en el mundo día-a-día de la recuperación. Pero ese mes en
el centro, una etapa crítica en la que tuvo que hacer frente
a sus adicciones, su salud y sus fantasmas, continúa fresco
en su memoria.
“Mi estado mental era, ‘Soy un adicto sin
esperanza. ¿Qué es lo malo que tengo?’ En buena forma, uno
se siente como si fuera un paria. La adicción es una
enfermedad. No la bebida — esta puede evitarse. Esa es la
cura más fácil del mundo. Pero la única forma es la
abstinencia total. Yo jamás probé un alcohol que no me
gustara. Y es duro ir a una fiesta y no poder tomar. El
alcohol es un lubricante social. En el círculo social en el
que me encuentro es aceptado con gran naturalidad”.
Mi beber social empezó hace mucho; en la
escuela preparatoria, para adaptarme y ser aceptado”.
“Mi historia viaja años atrás. Fui gran
bebedor desde la escuela superior… También fui a la
‘escuela-fiesta’ más grande de la nación, la Universidad de
Virginia. Probablemente este no es un buen lugar dónde ir si
uno es alcohólico”. El estrés y la presión del trabajo, y
el éxito evasivo, todo contribuye a incrementar el
alcoholismo, expresó él.
Para el verano del 2005, su beber
constante, combinado con el efecto sedativo de la Valium,
produjo resultados que alarmaron a su familia.
“A finales del verano pasado, llegue a
tal punto que me era difícil caminar. Andaba como envuelto
en neblina espesa. Estaba totalmente ‘espaciado’. En mi
compañía había estado entre los más productores y poco a
poco eso iba cambiando. Mi hermano y hermana estaban
sumamente preocupados. Ellos sabían que algo no andaba bien.
Una vez nos encontramos a almorzar y me sugirieron que me
sometiera a tratamiento; y me acompañaron al centro de
tratamientos. Creo que uno puede llamarlo una forma de
amor del bravo. Entonces no lo aprecié, pero definitivamente,
hoy lo aprecio”.
El también agradece la ayuda de sus
hermanos con el costo del tratamiento. Ellos cubrieron una
parte sustancial de los US$20,000 del costo por el mes que
estuvo ingresado; su empleador sólo cubrió dos días. Aunque
la compañía de Pierre también lo envió a gozar de
incapacidad, acción que le permitió continuar recibiendo su
salario.
La intervención de y por su familia,
amigos y empleadores, fue de gran importancia, dicen medicos
e investigadores. Pero el trabajo más duro fue hecho por el
mismo Pierre.
“Mucha gente piensa que el centro de
tratamiento es una institución. Yo no lo considero así. Es
cierto que no es como ir al Plaza, pero yo jamás podría
haber hecho esto sin el centro”.
Docenas de reuniones — tanto de terapia
grupal como individual ,
Alcohólicos Anónimos (AA) y
Narcóticos Anónimos (NA) — le ayudaron a identificar duros
problemas personales.
“Tenía ciertos problemas de relaciones”,
dice sobre su rompimiento con una mujer en Texas. “Tampoco
había superado el intenso dolor por la muerte de mi padre.
Tengo una personalidad energética; trabajo duro y soy
exitoso”.
Según cuenta, muy pocas personas podrían
haber igualado su talento para manejar las drogas. “Otras
personas tomando Valium y alcohol no podrían haberlo logrado.
Pero yo no podía esperar hasta llegar a casa y empezar todo
otra vez”.
Eventualmente tuvo que admitir que había
perdido el control.
“Con la adicción usted está como en un
plan a plazos… En esta vida hay muchísimas presiones.
Bastante gente usa alcohol y drogas para aliviar el estrés,
pero cuando les pasa el efecto, todos los problemas son mil
veces peor. Uno no resuelve los problemas. Simplemente se
embota para no verlos”.
El aprendió durante su tratamiento con el
personal del centro y los psicólogos, que es crucial
identificar lo que está tras la adicción, como también lo es
avanzar con diferente estado mental.
“Los consejeros se encuentran sumamente
preocupados porque usted va a regresar a su antigua conducta”,
expresa él; pero también tiene algunas ideas de cómo va a
evitarlo, cuando se mude de la casa de recuperación en la
que ha estado viviendo desde que dejó el tratamiento.
“Cuando me vaya voy a cambiar de personas, lugares y cosas.
Planeo buscar un compañero de apartamento, especialmente
alguien en recuperación; y mis planes son mudarme a otro
apartamento en el mismo complejo. Uno tiene que alterar
radicalmente su estilo de vida”.
El sabe que siempre estará en
recuperación, por lo que grupos de apoyo forman parte de su
futuro.
“Algunas veces uno necesita tomar las
cosas con más calma”, dice sobre la lección que aprendió
durante las sesiones en AA. “Nadie puede hacerlo todo en un
día”.
Otra parte del credo: “Tómelo con calma.
Lo he aprendido de memoria. Ya no trabajo tan duro como
solía hacerlo”.
(William Celis da clases de periodismo en
la University Annenberg School for Communication, del sur de
California. Además es ex reportero del New York Times y del
Wall Street Journal.)
(NOTA DEL EDITOR: La persona en esta historia fue
referida al reportero por
Faces & Voices of Recovery, una
organización nacional a nivel local, con base en Washington,
D.C., que trabaja por incrementar la comprensión de la
adicción. El sujeto, que vive en Richmond, Va., estaba
dispuesto a hablar sobres sus experiencias en el tratamiento
de la adicción, diciendo que él considera esto un “servicio
público” para otros luchando contra las adicciones, pero nos
pidió no usar su apellido, citando el estigma que viene con
el abuso de sustancias).
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