De niña a mujer: ‘No podía contar conmigo misma. No podía contar con mis propias emociones’

 

 

Por Sara Solovitch
Public Access Journalism

 

A los 28 años, Holly es una rubia adorable, de quien las personas jamás pensarían está seriamente adicta a las drogas. Pero hasta el año pasado, cuando se trataba de drogas y alcohol, Holly era una omnívara. Ella usó todo lo que se presentó en su camino; como resultado del uso de drogas hoy padece de hepatitis C.


Por primera vez en su vida, Holly se encuentra en el camino recto. En septiembre del año pasado se graduó de la Fayette County Drug Court, en Lexington, Ky., así como también de un programa posterior de cuidados para mujer. Holly estuvo dispuesta a contar su historia, con sus propias palabras; pero nos pidió que no usaramos su nombre completo, citando el estigma que conlleva el abuso de sustancias.


"Me crie en un hogar alcohólico. Recuerdo que cuando estaba creciendo, mi papá abusaba físicamente de mi mamá. Recuerdo una vez que la tenía del cabello; yo le llegaba a la cintura, y le pegué tan fuerte como pude. Cuando niña vivía en constante estado de ansiedad. No me gustaba que mis amigos me visitaran en casa porque no podía contar conmigo misma. No podía contar con mis propias emociones.


Después que mi papá se fue de casa, fui molestada, abusada y violada sexualmente — todo por un amigo de la familia. Cuando tenía 14 años huí de casa con un hombre mucho mayor que yo. El hizo lo que quiso conmigo toda una semana.

A los 12 años empecé a usar marihuana. Hoy tengo 28. A los 14 había escalado a la bebida, a endrogarme con ácido y a tomar speed. Conseguí mi primer empleo a los 16; fue entonces cuando empecé a tomar analgésicos. Luego cocaína — Pasé de aspirarla, a fumarla, a inyectarla; heroían, héctasis. Usé todo lo que encontré en mi camino.


Bebía hasta perder el conocimiento; cualquier cosa por embotarme. Esto me ayudó temporalmente. Pero cuando despertaba de los ‘viajes’, el dolor estaba allí y mucho más intenso. Llegé al punto en el que lloraba cuando me estaba endrogando, porque sabía que apenas iba a aliviarlo.


Varias veces me escapé a morir por sobredosis. Sufrí convulsiones, mis pulmones colapsaron, mis riñones fallaron. Pero lo seguí haciendo. Tuve mi primera hija a los 16. Viví en una relación de abuso con su padre. Fume marihuana todo el itempo que estuve embarazada de ella. Pero dejé de beber durante el embarazo — y esto no significa que fumar marihuana sea OK. Menos mal ella no nació adicta.


Mi segundo hijo nació cuando yo tenía 18. Había empezado a tomar pastillas y mi adicción a la bebida se incrementó bastante después que lo tuve. Los niños vivieron conmigo durante un corto período; entonces mi mamá me sugirió que se los dejara hasta que me recuperara. Fue su forma de decirme que yo tenía un grave problema. Pero quería mi libertad. Así que lo hice. Era joven y ya no tenía marido.


Mis hijos estuvieron tres o cuatro años con mi mamá, entonces, cuando cumplí los 21 tuve otra niña. Durante este último embarazo no pude dejar de usar por nada: cocaína, heroina, Dilaudid, OxyContin, usted menciónelo.
Allí estaba yo, usando todas esas drogas, pero temiendo que mi bebé fuera a nacer con síndrome fetal por alcoholismo. Así que no bebí. Nunca fui a control prenatal, pero mi hija nació bien. Creo que sufría de síntomas de abstinencia, pero en el hospital no lo detectaron — probablemente porque me las arreglé para no usar nada el último mes.


En 2003 entré a tratamiento al Women’s Health Center, en Lexington y recaí ocho meses después. Luego en junio del 2004, la policía vino a arrestarme (por violación a la libertad condicional). En cualquier otro momento habría dado un nombre falso. Ese día les dije, “’Soy Holly, tengo varias órdenes de arresto en mí contra, por favor llévenme’. Me sentía miserable.


La carcel fue una alternativa mucho mejor a lo que yo estaba haciendo. Al menos allí iba a dormir, iba a comer, sabía que iba a estar segura. Mientras estuve allí empecé a asistir a las reuniones de AA (dos meses), luego pedí ir a una corte que se entiende de casos de drogas. Sabía que si no lograba que esto funcionara, iba a morir en las calles.


El juez me envió a otra instalación residencial para mujeres — la Chrysalis House. En junio del 2005 completé la parte residencial, y el 22 de marzo voy a terminar la parte de cuidados posteriores. Definitivamente me voy a mantener con AA. Tengo un padrino, estoy trabajando los 12 pasos con la comunidad en la que vivo. Me encanta el programa de 12 pasos. Me ha cambiado.


Pienso que la razón por la que me funcionó esta vez - la principal diferencia - es porque la Casa Chrysalis me dio capacitación para madres de familia y de trabajo. Jamás tuve un trabajo a tiempo completo. Jamás fui tan responsable como para eso. Algunas personas que estuvieron en tratamiento conmigo eran enfermeras o mujeres que habían ido a la universidad. Ellas detestaban esas clases. Para mí fueron lo mejor que jamás me sucedió.


Cuando me dijeron que tenía que conseguir un empleo de 40 horas a la semana, me solté a llorar. No sabía cómo hacerlo. Ellos me demostraron que tomó verdadera habilidad sobrevivir allá afuera, y que yo podía revertir toda esa capacidad — como la creatividad, la lucha constante por sobrevivir, y la energía que se necesita para conseguir las drogas — y usarlas en beneficio de la sociedad. Básicamente, nosotros somos vendedores.


Pero cuando tenía que ir a entrevistas — ¡Ay mi Dios! Me ponía un traje. Procuraba no mostrar mi nerviosismo… porque había aprendido a controlarme.


La Casa Chrysalis me consiguió una posición temporal que se convirtió en trabajo a tiempo completo. He estado trabajando allí todo un año. ¡Nunca trabajé en ningún lugar durante un año! Esto viene a demostrar que soy capaz de hacer cualuquier cosa que me proponga. Definitivamente, Dios me ha bendecido.


Soy auxiliar en la administración de personal y me encanta lo que hago. Me encanta la gente con la que trabajo. Ser miembra activa de la sociedad, levantarme por la mañana e ir a mi trabajo — Me fascina. El mes pasado empecé a levantarme mucho antes que sonara la alarma. Y yo no soy una persona madrugadora.


Algo más: Cuando tenía 12 años me diagnosticaron depresión. La Casa Chrysalis se aseguró que viera a un psiquiatara y que me dieran medicina. Resulta que yo me estuve automedicando por años.


Hoy tengo conciencia. Estoy segura de quien soy. Me respeto a mí misma. Ocasionalmente tengo conmigo a mis hijos. Actualmente a mi hija menor - a su tía le otorgaron su custodia temporal - no le gusta pasar la noche conmigo; así que yo tengo que respetar eso. Si está escrito que algún día vivan definitivamente conmigo, entonces sucederá."

(Sara Solovitch es escritora independiente y ex reportera de Knight Ridder Newspapers).

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HISTORIAS PUEDEN SER COPIADAS CON LA AUTORIZACION: De la Fundacion de Robert Wood Johnson "Tratamiento Silencioso: Adiccion En America" proyecto, producido por Public Access Journalism, LLC.
 


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