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Puñetazos uno-dos de la
adicción: El abuso y los mensajes sociales vuelven
mucho más difícil tratar a una mujer
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Por Sara Solovitch
Public Access Journalism
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Cuando un hombre o una mujer beben
demasiado alcohol — entre todas, la sustancia más
ampliamente abusada en el país — no sólo lo hacen por
diferentes razones sino también por alcanzar diferentes
resultados. Muchos hombres usan el alcohol para sentirse “poderosos”,
la mujer por lo general bebe para combatir sentimientos de
angustia y enojo.
Aunque por lo general la mujer bebe menos
que el hombre, ella corre el riesgo de volverse alcohólica
con mayor rapidez: Si toma siete o más vasos de licor a la
semana es considerada alto riesgo; comparado con los 14 que
tiene que tomar un hombre.
El alcoholismo también acarrea otros
grandes riesgos para la mujer. La bebida excesiva
incrementa el peligro de que la mujer se vuelva víctima de
violencia y ataque sexual. La mayoría de mujeres que abusan
del alcohol y las drogas — estudios han comprobado que llega
a un 80 y 90 por ciento — tienen historia de abuso físico o
sexual.
La mujer tiene mayor probabilidad de
desarrollar inflamación de hígado y de morir por cirrosis.
Es más vulnerable al daño cerebral provocado por el alcohol
y a enfermedades cardiovasculares. Además, el beber
excesivamente parece incrementar el riesgo de cáncer de
seno, así como también cánceres en el tracto digestivo.
El estigma por usar drogas y alcohol
también es mucho mayor y con frecuencia uno de los mayores
obstáculos para una mujer en busca de tratamiento. Teme —
con toda razón y acertadamente — que si admite tener
problema de abuso de sustancias perderá la custodia de sus
hijos. O se encuentra tan ocupada cuidando de ellos que con
frecuencia pospone buscar ayuda, por tanto tiempo que
desarrolla enfermedades serias.
El número, cifra consistente desde 1990,
lo dice todo: De los 15.1 millones de personas que abusan
del alcohol, 4.6 millones son mujeres; y según el
National
Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, sólo el 25 por
ciento de ellas se encuentra en tratamiento tradicional .
La mujer también tiende a rutas más tradicionales para ayuda
con la adicción - busca a sus propios doctores, terapistas o
psiquiatras.
En la década pasada, el tratamiento
segregado se convirtió en la clave del éxito de la mujer,
proporcionando un ambiente más sustentador que anima a sus
pacientes – con frecuencia víctimas de abuso físico o sexual
en su infancia – a abrirse y hablar sobre los traumas que la
llevaron a abusar de las sustancias.
“Entre un 80 y 90 por ciento de las
mujeres en nuestro programa de tratamiento, y en todos los
programas, han sido abusadas considerablemente en su vida”,
comenta Marsha Nadell Penrose, directora ejecutiva de
The
Next Step, un centro de tratamiento intensivo, con 14 camas,
en Albany, N.Y. “Es un ciclo vicioso: A una mujer la
abusan, lo cual la lleva a la bebida. Se emborracha y
termina siendo abusada”.
Pero muchos programas fallan en enfatizar
en ese ciclo; y muy pocos programas ofrecen servicio de
cuidado de niños.
The Next Step, uno de los tres programas
para mujeres, al norte del estado de Nueva York,
deliberadamente decidió no proporcionar servicio de
guardería para niños, y Penrose piensa que esto es un
cuchillo de doble filo.
“Por lo general la mujer se siente
terriblemente culpable cuando llega aquí, porque sus niños
están en hogares de adopción temporal. Yo trato de
convencerlas que piensen sobre esto como la única vez que
pueden concentrarse en sí mismas. Les digo y lucho por
convencerlas que, ‘No pueden cuidar a sus niños a menos que
ustedes se encuentren bien’”.
Sin embargo, algunos estudios muestran
que programas niños-y-mujeres alcanzan el doble del éxito
que los programas sólo con mujeres.
El programa The Mothers’ and Toddlers’,
un proyecto piloto de Institutos Nacionales de Salud, de New
Haven, Conn., ha trabaja bajo el principio de que el uso
continuado de drogas definitivamente “secuestra” el impulso
maternal que emana del cerebro. En los dos años recién
pasados ha demostrado ser prometedor en reajustar el efecto
placer-recompensa de las drogas como la cocaína y la heroína,
intensificando la relación entre la madre y sus hijos
pequeños.
Al incluír a los niños en el tratamiento,
“usted está conectándose con el último lugar del que la
mujer echa mano — su deseo de ser una buena madre”, dice
Norma Radol Raiff, directora ejecutiva de la
Sojourner House
en Pittsburgh, uno de apenas dos programas de tratamiento
residencial para mujeres en el oeste de Pennsylvania. Al
igual que la mayoría de programas para mujer, este ofrece
servicios de cuidados para niños, terapia y clases sobre
desarrollo infantil, maternidad saludable, violencia
doméstica, tutoreo educativo y reforzamiento. A las
residentes se les ofrece guía en planeamiento de menús, con
viajes al supermercado para ayudarles a tomar decisiones
saludables.
Hoy el tratamiento también incluye
medicinas para la depresión u otro tipo de enfermedades
mentales, resultado directo de reciente aceptación de que el
alcoholimo es una enfermedad que provoca una serie de otros
problemas en ambos sexos.
El hecho de que la mujer comienza antes
con la bebida y las drogas también ayuda a dar forma a
estrategias de tratamiento. Este año tres encuestas
federales encontraron que la ingesta de licor hasta el
hartazgo (“binge drinking”), es un problema que está
creciendo a mayor velocidad entre jovencitas que entre
varones.
En un informe de febrero, la
White House Office of
National Drug Control Policy reveló que en el 2004, 1.5
millones de jovencitas empezaron a usar alcohol, 173,000 más
que el número de chicos que empezaron a beber. Las hembras
tambien superaron a los varones en el uso de marihuana a una
edad más temprana. El informe citó el estrés – por la
presión que ejercen los compañeros y el juicio de ser
adolescente en una sociedad a paso tan veloz - como causa;
así como también desórdenes alimenticios, el uso de otras
drogras ilegales, mal uso de medicinas de prescripción
médica y poca autoestima.
Las jovencitas también encuentran
mensajes pervertidores en avisos comerciales y en la cultura
popular. Tres cuartos de los estudiantes en universidades
de ambos sexos, encuestados para un informe de la American
Medical Association a principios de 2006 dijeron que ellos
“usan alcohol como excusa para dedicarse a actos de conducta
escandalosa”, especialmente durante la vacación de
primavera. Una inmensa mayoría — el 84 por ciento —
consideró que las imágenes de chicas universitarias
parrandeando descontroladamente contribuyeron a esa conducta;
muchas más estuvieron de acuerdo que estas imágenes hicieron
que los hombres se portaran en forma peligrosa hacia las
mujeres.
“Los resultados de esta encuesta son
tremendamente preocupantes”, dijo J. Edward Hill, presidente
de AMA, “porque trae nuevo y completo grupo de temas,
incluyendo el incremento del riesgo de enfermedades de
transmición sexual, desmayos y violencia”.
Esta clientela más joven también se
traduce en un nivel de cuidado totalmente diferente.
“Con frecuencia, muchas de ellas son
jóvenes que nunca terminaron de crecer y ahora ellas mismos
tienen bebés”, dice Penrose. “Es como el paso por un túnel.
No han terminado de recorrer sus años de adolescencia y
aparecieron directamente al otro lado. Estas jóvenes
necesitan mucha más ayuda. Emocionalmente son mucho más
frágiles. Y tomará mucho más tiempo recorrer el proceso de
tratamiento”.
Para una lista de programas residenciales
para mujeres, actualizada anualmente por el gobierno federa,
visite el Center For Substance Abuse Treatment's Treatment
Locator Service, en:
http://dasis3.samhsa.gov/ or call
(800) 662-HELP (4357).
(Sara Solovitch es
escritora independiente y ex reportera de Knight Ridder
Newspapers).
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